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Mercado

One ring to rule them all

One ring to rule them all

El estado ideal de cualquier empresa es el de monopolio, tener todo el mercado para ti, protegido de intromisiones, de otros jugadores y vetando mediante argucias legales, músculo financiero o cabildeo el acceso a alternativas. Es obvio que este modelo es fundamentalmente desastroso para la sociedad, cuando no tienes más opción que escoger como color de tu coche el negro, la sagrada libertad de mercado se va por el mismo desagüe que la libertad individual, además de vetar el impulso necesario que da la competencia para mejorar los servicios, los productos y los precios.

Oficina grande visión pequeña

Oficina grande visión pequeña

Ya decía Bob Dylan, The Times are a-changin[1] pero también decía Led Zeppeling que The Song Remains the Same[2] y aunque parezca una contradicción, ambas son ciertas, porque muy pocas verdades son absolutas, sino que vivimos en un flujo, en una variable constante donde lo que puede ser cierto un día dejar de tener validez al siguiente.

¿Para qué sirve una toalla?

¿Para qué sirve una toalla?

Parece una pregunta baladí, pero es más importante de lo que parece. Sirve para secarse, para limpiarse, para taparse, para estirarla en la playa y no tener que tocar la arena, ¿para que sirve?. Nosotros podemos desarrollar un producto con una idea clara en la cabeza, pero el mercado tiene esta innegable tendencia a hacer lo que le apetece.

El mercado perfecto

El mercado perfecto

No seré el primero que lo diga, ni yo la primera vez que lo afirme, internet es prácticamente el mercado perfecto. A todos los efectos ha derribado las murallas que habíamos levantado, legislativas en el caso de Uber como físicas en el caso de Amazon o de Big Data como puede ser Facebook, y ahora cualquier tienda puede ser tu competencia sin tener que estar bajo la normativa de los países donde puedas llegar a operar.

El principio de incertidumbre

El principio de incertidumbre

Quizás es porque tengo una extraña afición a leer sobre temas donde la ciencia se cruza con la filosofía, pero últimamente estoy un poco más reflexivo de lo normal. Repasando planes de negocio, resúmenes ejecutivos y toda la lista de papeles que cualquier empresa que quiera empezar necesita tener preparado, hay ciertos apartados que no pueden más que arrancarme una sonrisa.

Hola, ¿Es la competencia?

Hola, ¿Es la competencia?

Que te des de alta en las redes sociales, que te posiciones como experto, que generes contenido, que publiques de forma constante. Básicamente, haz más ruido que tu competencia. Fantástico, toda la estrategia se basa en hacer más ruido que el vecino de al lado. Y como ahora hay cada vez más competencia y hacer ruido es muy fácil, hay que hacer mucho más escándalo. Es maravilloso.

Insultar a tus clientes es malo, aburrirlos, peor

Insultar a tus clientes es malo, aburrirlos, peor

En pocos sectores conozco que la patronal, en la fiesta que se supone que hacen para celebrar lo guapos y listos que son, se dediquen a insultar y criminalizar a sus clientes. Cualquiera con dos dedos de frente mimaría a sus clientes, buscaría cualquier argumento para alabarles el gusto, y perdería la parte baja de la espalda para fidelizarlos y ampliar su base. Parece que estas normas de mínimo sentido común no se aplican a ciertas industrias, en concreto, me refiero a la fiesta de los Goya.

Emprended, emprended malditos

Emprended, emprended malditos

Después de unas semanas cargado hasta las cejas de trabajo, hoy me he podido repasar los artículos que tenía guardados para leer, y dar un repaso a la lista de temas sobre los que me gustaría escribir. Curiosamente, un artículo de Albert García Pujadas casi calcaba un tema sobre el que quería hablar, incubadoras y start-ups.

¿Vale la pena ser el número dos en un mercado perfecto?

¿Vale la pena ser el número dos en un mercado perfecto?

¿Vale la pena competir con una empresa con tu mismo producto, que se dirige al mismo tipo de usuario, que es número uno y encima compitiendo en un mercado perfecto? Esta es una pregunta que me hago recurrentemente, ósea una vez cada dos años que es cuando consigo acumular la energía neural necesaria para realizar algún proceso cognitivo superior.