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Este abogado es bueno pero no hay quién lo entienda

Uno de los objetivos básicos de un idioma es que dos personas o más se puedan intercambiar información, y cuanto más preciso y exacto sea este intercambio mejor es el flujo de conocimiento que se establece. De todas maneras, este ideal está muy lejos de conseguirse porque hay cientos de idiomas diferentes, unos con más población, otros con más influencia y otros tanto con más ego de practicidad. Todo este melting pot, crisol de culturas o como quieras llamarlo, hace que siempre acabemos recurriendo a la lengua franca del momento, hace un tiempo era el latín, luego el francés o el alemán e incluso quizás el español tuvo su lugar, pero a día de hoy quién corta el bacalao es el inglés. Por eso es bastante importante, sobretodo si quieres tener una carrera profesional a alto nivel, es el idioma que has de dominar como si fuera tu lengua materna.

Hasta aquí todo claro, podemos estar de acuerdo en la base de la premisa, pero siempre hay pequeños detalles que nos descolocan la teoría y es cuando entramos ya no el mundo del idioma, sino en el sector con el que has de interactuar. Durante mucho tiempo he estado trabajando de traductor español-frikes (o lenguaje técnico), te tocaba hablar con los comerciales para traducir sus peticiones a lenguaje que entendieran los técnicos y volver a traducir los mensajes que los de IT tenían para los comerciales. Era como la ONU pero usando el mismo idioma en común.

A mi personalmente y a pesar de tener un historial técnico, he estado en reuniones que al final no tenía ni idea de que me estaban hablando y me ha tocado leerme manuales crípticos para entender lo que me querían vender. El resultado, que aprendí algo nuevo, pero que el comercial que me vendía el producto perdía puntos porque la competencia me ofrecía lo mismo, pero era capaz de hablar mi idioma.

Pero no os penséis que este problema es exclusivo de los técnicos, ahora vivo con la misma desazón que entonces el diferencial que existe entre la población -así en general- y el mundo legal. Lo que para unos es algo obvio, para el resto de los mortales es un galimatías que no acaban de entender, y lo que suele ser lo más peligroso, en más de una ocasión somos capaces de leer un párrafo legal pero somos incapaces de entender el significado que encierra.

Si esta falta de comunicación era un problema en el mundo técnico, cuando hablamos de la ley, eso que todos hemos de cumplir nos guste o no, la conozcamos o no, en el mundo legal es de vital importancia. La capacidad de un abogado de traducir los tecnicismos y generar confianza al cliente y que no se sienta como un total estúpido en medio de una piscina de tiburones, creo que es una de las palancas que puede convertir un lead en un cliente, y un cliente en un cliente fidelizado y contento.

Todos recordaremos con una sonrisa la escena de Una noche en la ópera donde los hermanos Marx repasan un contrato:

- Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh? – No, eso no está bien. Quisiera volver a oírlo. – Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. – Esta vez creo que suena mejor. – Si quiere se lo leo otra vez. – Tan solo la primera parte. – ¿Sobre la parte contratante de la primera parte? – No, solo la parte de la parte contratante de la primera parte. – Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos. – Sí, es demasiado largo. ¿Qué es lo que nos queda ahora? – Dice ahora… la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte. – Eso si que no me gusta nada. Nunca segundas partes fueron buenas. Escuche: ¿por qué no hacemos que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?

Los abogados ya tienen su fama e incluso una categoría especial para los chistes -es cierto, hay categorías específicas sobre chistes de abogados- con lo que han de cuidar en extremo el proceso de comunicación. A pesar de que esta escena es graciosa y divertida, deja de serlo en cuanto nos jugamos una operación de varios millones de euros. Hay que saber ser un extraordinario profesional, pero es todavía más importante saber ser un mejor comunicador. Si no tenemos a nadie con este perfil en el despacho, es hora de que contratéis a alguien porque si hay algo que cada vez molesta a los clientes es el pagar por horas -todos quieren un precio cerrado por proyecto-, pero más molesto es sentirse idiotas ante una jerga que no entiende en absoluto.

Película: Minions

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.