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Cuando los árboles no te dejan ver el bosque

Imagen de Jose 	Salgado
El 14

Frío, Abrigo

Martes 17/04/12

Hoy ha sido uno de esos días en lo que casi lo mejor era no levantarse de la cama. Hemos pasado una noche alternativa gracias a los dos enanos de la casa, que entre que tenían miedo, sed y que cada media hora nos despertaban uno no puede decir que haya tenido su merecido descanso nocturno. Si a esto le añadimos que estoy en fase de barbecho entre catarro y gripe, la verdad es que mi odiómetro personal ha establecido un nuevo récord cuando ha sonado el despertador a las seis de la mañana.

Con sueño, legañas y con un esfuerzo titánico me he conseguido poner unas piezas de tela a los que humanos llaman ropa y he conseguido dirigirme a mi mismo a la parada del autobús, donde no solo me he tenido que sentar en un lugar incómodo a no ser que seas de la familia Pin y Pon, y para mayor gloría del confort, hacía un frío que como decía pescatero conocido mía: hacía un biruji que se te helaban el forro de los güitos. Al final, a base de acurrucarme en la esquina que me había tocado he conseguido aguantar el trayecto sin sufrir un proceso de congelación, pero en el proceso, he estornudado unas treinta veces y casi se me saltan los ojos en el proceso en dos o tres.

He llegado a la oficina y como esta se siente muy identificada con los inuit me ha procurado un ecosistema digno de ellos y sus mascotas preferidas, los pingüinos. Como soy un tío muy poco dado a los dramas, me he dicho a mi mismo que de esta o me muero o fallezco, y me he reservado unos cuantos minutos en repasar mi arameo antiguo y mentar un par de veces a los que gestionan el clima, que si global warmin que si global holding, el caso es que de una manera u otra, no hay manera de ponerse ropa que se adecue al tiempo que va a hacer porque no aciertan ni por error, a lo más que llegan es que si el cielo está nublado y es domingo al día siguiente será lunes. Ya relajado después de mis clases de idiomas foráneos, Pol y yo mismo nos hemos sentado para tomar el cafelillo matutino cuando me he dado cuenta que algo fallaba, no tenía mi inseparable paquete de Camel. Como ya había realizado las prácticas en lenguas foráneas, me he puesto a practicar un poco de deporte, en concreto el busquing dándo vueltas por toda la oficina a ver si estaba el condenado paquete oblongo amarillo con la insignia de un Camello, o bien de un tipo meando (eso es lo que dice la leyenda), al cabo de cuatro vueltas sin encontrar nada más que un clip y tres pelusillas, he decidido que estaba agotado y que casi mejor optaba por hacer un spanish y gorrearle el cilindrín al compañero, que para eso nos conocemos desde hace casi diez años.

Después del café y de fumarme esa cosa asquerosa que el llama tabaco y yo llamo mal gusto envuelto en papel, era la hora de sentarse y seleccionar un tema para escribir en el blog. Realmente no había nada que me llamara la atención, en lo único que podía pensar claramente era en estar tumbado en mi cama tapado hasta las orejas, hasta que he recordado que trabajo en esto que llaman Social Media, y que se pueden hacer muchas cosas, desde cafés con leches hasta compartir y buscar ideas para proyectos. Así que entre escribir ciento cuarenta carácteres y ver si alguien aparecía una musa de esas etéreas, sensuales y mágicas que me diera un espaldarazo a mi mermada creatividad o bien me lanzaba contra una página en blanco y me encomendara a Santa Bárbara para que no fuera un desastre, opté por lo primero.

Y realmente funcionó como suelen funcionar estos temas en las redes sociales, ni musa ni niño muerto. De hecho, cualquier paralelismo entre una musa y este personaje es más propenso a un pasaje en la sección de antónimos que en la de sinónimos, pero lo importante no es si el gato es negro o blanco, sino que cace ratones, y este, cazó uno.

No es que me diera un consejo sobre que temas seleccionar o me iluminara con una idea brillante, simplemente ha señalado que la vida está llena de tonterías dignas de estudio, así que eso es lo que voy a hacer ahora mismo, en cuanto me tome el segundo y último café del día.

Es cierto lo que comenta Jordi, la realidad está llena de temas para comentar: La cacería del Rey, Fernandez de la Vega equiparando a Rajoy con Hitler, la nacionalización de YPF por parte del gobierno argentino, Twiiter que compra otra compañía , Facebook que hace lo mismo o incluso, que hoy me toca hacer un pastel con los petisos. Todas son historias que se pueden contar, el problema que suele aparecer es que tenemos tanta información que a veces somos incapaces de procesarla y obtener una foto con la suficiente distancia de la realidad como para poder procesarla. El día a día nos destroza y si no hay un fuego que apagar es un cliente que hay que contestar o una ingreso que no llega. Con toda la tecnología que disponemos actualmente, el espacio para nuestro propio yo, ese espacio para asentar de una manera sosegada y calmada la información que nos llega se ha perdido, y estamos sometidos a una voluntaria esclavitud del estar permanentemente conectados. Eso conlleva un esfuerzo extra que puede llegar a agotarnos, o al menos a mí me agota cuando a las diez de la noche me llega un e-mail que es urgente y sino lo contesto tengo un problema con un cliente o un jefe, y si lo contesto también tengo un problema conmigo mismo.

Hace ya mucho tiempo yo afirmaba que el móvil es el último reducto de la esclavitud, y con la llegada de la nueva generación de teléfonos con su correo, su navegador, su lector de noticias, el twitter, el facebook, el whatsapp y todas las demás lindezas con las que nos rodean, han convertido estos cachivaches en nuestra jaula dorada. Jaula, que para más vergüenza propia, creamos y mantenemos nosotros dando todos los beneficios a unas empresas que no tienen en su listado ético el respeto por la privacidad de las personas.

Por eso hoy, cuando tanta información (y tanta falta de sueño) no me dejaba ver con perspectiva la realidad, es cuando hay que reclamar un espacio y un tiempo para nosotros mismos. No hay ningún problema ni ninguna urgencia que no pueda esperar doce horas, no es necesario tener reuniones a las siete de la tarde o contestar un e-mail a las diez de la noche. Hay que apagar nuestra vida online y recuperar nuestra vida off-line.

Yo no he encontrado ninguna aplicación, ni móvil, ni web ni de escritorio que sea capad de llenarme de tanta satisfacción que una buena conversación con amigos delante de un café. No, ni la hay ni la habrá. No se puede simular el placer del debate, la pasión de los argumentos, las sonrisas cómplices, las caras de desacuerdo y las risas que se consiguen cuando al final, cuando no tienes argumentos, e invocas a Hitler a ver si cuela.

En resumen, ha días que los árboles no te dejan ver el bosque, lo mejor es pararse, darse un respiro y mirar la vida por la ventana, dejar pasar los minutos hasta que todas las piezas del día a día se van ordenando en tu subconsciente.

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.