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El banquillero

Hace ya un tiempo, la Chirucas puso varios posts que hablaba sobre los banquilleros: Historia de un banquillero , Resumen fatal y Homenaje al de aquí al lado, que fue contestado convenientemente. Pero a parte de estos dos enlaces, no he visto nada en Google que pudiera dar más información sobre estos especímenes que dan vueltas por el mundo a los que poca gente presta atención.

Como ya comenté, la explosión ideológica de la idea se la debo a una compañera de carrera, que fue la que literalmente me dijo A las tias nos van los tios cabrones. Eso fue algo que me hizo ligar toda la existencia vital que había pasado y que me dió a entender que realmente había escogido bien la carrera.

Haciendo un reduccionismo absurdo, que como tal es absurdo y no se puede extrapolar siempre, podemos ver que hay dos tipos de chicos en lo que se refiere a la relación con las mujeres, los chicos malos, y los chicos buenos (a partir de ahora serán llamados banquilleros). Los chicos malos, por esa estraña atracción falta que provocan son las que se ligaban a toda estudiante viviente de la facultad, y los banquilleros no. La vida de los banquilleros era sutilmente diferente a la de los malos, su objetivo era básicamente el mismo que el de los malos, pero no podían acceder a el y quedaban relegados a otro estado vital. Y ahí, lejos de cualquier posibilidad de acceder a su objeto de deseo, perfilaron una personalidad muy característica y determinada.

De entrada los banquilleros han desarrollado una gran habilidad para escuchar. Porque al ser el chico que nunca se ha ligado a nadie, parecíamos que fueramos seres inofensivos y las chicas nos contaban los problemas con tal chico o tal otro.

De este punto, lógicamente se avanza el segundo, aprendimos a dar consejos. Si las chicas venían y les dabas malos consejos o mala conversación, no volvían, con lo que uno empezaba a trabajar el tema para ser un gran escuchador y conversador.

El siguiente punto es también crucial, desarrollamos unas grandes capacidades empáticas. Es comunmente aceptado que mientras que los hombres buscan soluciones, las mujeres buscan otro tipo de respuesta no tan directa. Para poder comprender lo que quieren hay que desarrollar un instinto que detecte que están buscando para no cagarla.

Y el último punto, crucial y fundamental, nos convertimos en sus amigos. Y esto era lo peor que podía pasar. Ninguna chica se lía con su amigo, famosa la frase de Te quiero como amigo. El porqué está claro, no querían perder a un banquillero a costa de un lío. El banquillero les aportaba más cosas que los chicos malos, pero ellas no lo veían.

Afortunadamente, el señor tiempo, acaba moldeando la realidad y las mujeres ven que no les puede pasar nada mejor que tener un banquillero como pareja, porque después de pasar toda la adolescencia (con todas sus hormonas y cosas) ejerciendo de escuchador/aconsejador/ente empático, no hay nadie en el mundo que las pueda comprender mejor. Y lo más importante, como nunca se han ligado más que los cordones de los zapatos, besarán el suelo de la chica que les diga que si.

Esta es mi teoría peregrina de los banquilleros.

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.