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La guerra de Hart o Bruce Willis momificado

El 14

Película, Cine, Crítica

Miércoles, 1 Mayo 2002

Pues a pesar de cómo creíamos en un un anterior artículo, esta película no va de una fuga o del compañerismo entre prisioneros de guerra. Muy al contrario, esta película nos muestra como el racismo puede colarse incluso entre la más profunda de las miserias y desesperaciones. Miserias representadas por la vida en un campo de prisioneros de guerra.

El bueno de Hoblit se ha inspirado en la obra de John Katzenbach para mostrarnos, al menos en un principio, que vayas donde vayas y estés donde estés, el racismo y la intolerancia está presente en cualquier parte. Este racismo puede estar tanto en las oficinas de los mandos militares, como en el propio campo de prisioneros, como en cualquier otro lugar.

La historia, de una forma somera, nos cuenta el viaje interior de Thomas. El sr. Thomas pasa de ser un niño bien, estudiante de segundo año en Yale y destinado a las oficinas del mando aliado en la segunda Guerra mundial (se ve que su papá tenía enchufe en esto y no le tocó ir a pegar tiros como el hijo de la vecina del quinto) a ser un paladín del honor, la verdad y la justicia.

¿Cómo es posible?, fácil, primero metes al niño pijo una ambición tonta, la de no querer ser un niño pijo. Así que por idiota, se ve preso por los alemanes (tos mu malos ellos) y cuando lo interrogan canta como un canario. Más tarde, te lo llevas a un campamento de prisioneros, para que se vea cara a cara con un coronel de Wespoint que está más puteao que espinete por estar haciendo el idiota con el niño pijo y no estar pegando tiros como se supone que es su deber. Por supuesto, la familia de este tipo, militar de toda la vida, para darle más alcurnia al personaje. El niño pijo miente al tipo duro y el tipo duro lo putea ¿será posible que el niño pijo de mierda este mienta a todo un teniente de Westpoint?

Ya tenemos la escena, ahora falta el móvil. Como ni Vodafone, ni Amena ni Telefónica estaban por la labor, buscaron otra teoría más peregrina. El asesinato de un miembro blanco de las fuerzas armadas (hasta los dientes) a manos de un miembro de esas mismas fuerzas armadas que resulta que es de color (del color de los ángeles de Machín). El teniente puteao, Bruce Willis, encomienda la defensa al niño pijo de Yale, Coril Farell y le esconde pruebas y mangonea todo lo que puede a fin de que pierda el caso ante el consejo de guerra (nótese la intención de hacerlo todo en plan importante)

Total, que el niño pijo le toca defender al negro. Le ha caído el marrón de su vida. Bueno, en realidad el marrón le ha caído al negro, pero ya sabemos todos como son estos americanos, a veces se equivocan en donde poner el énfasis. Pero bueno, como los alemanes son muy malos (pero de los chungos, de los que dan caramelos a los niños en los parques), el director del campamento alemán intenta putear al Teniente ayudando al niño Pijo. Que plan más malvado el de estos alemanes, ¿eh?

En fin, todo este lío solo sirve para ensalzar la figura de los patriotas americanos, que a pesar de algunas pequeñas ovejas negras (y no va con segundas), saben estar a la altura de la circunstancias. Estos buenos soldados conocen el honor, saben dar la vida por salvar la de sus compañeros, y bla, bla, bla... Porque seamos serios, ¿que pintan los rusos en el campamento?, nada, porque solo los sacan para que veamos que están más puteados que Carmina Ordóñez sin una exclusiva.

Así que podríamos decir en modo resumen rápido, que me sabe muy mal y que es muy indignante lo que paso en la segunda guerra mundial, pero que yo no comulgo con ruedas de molino (cosas de mi estomatólogo). El guión es de lo más tramposo que conozco, maniqueista, manipulador y para colmo, se le ve el plumero. El director está ahí, porque ha de haber alguien que firme como director. Los actores... Bruce, Bruce... quien te ha visto y quien te ve... ¿quién es tu representante? ¿qué no sabes que tus mejores papeles es de agente del orden puteao que ha de salvar al mundo de alguna amenaza extraña? ¿por qué intentas ser un actor del método?

Triste, triste, triste....se me quitan las ganas de escribir.

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.