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Pero que tiene Stephen King

En estos años que ya llevo deambulando por el planeta tierra, y ya son más de los que puedo recordar sin asombrarme, he sido un lector que podríamos llamar, ocasional. No recuerdo bien cuando empecé a leer, pero si tengo muy presente las colecciones de cómics que tenía mi hermano, desde los 4 fantásticos pasando por Mortadelo y Filemón, y sin olvidarnos del clásico entre los clásicos, la revista 1984.

El salto a lo que algunos que intentan lucir más plástico que óptica en sus gafas llaman literatura, no recuerdo como fue exactamente. Quizás empezaría por esa colección de Bruguera que tenía mi hermano, donde figuraban los clásicos de literatura juvenil como 20.000 leguas de viaje submarino, La vuelta al mundo en 80 días y demás joyas del género. Pero seguía siendo una influencia clara de mi hermano mayor, todavía no había desarrollado un gusto y tendencia propios. Tampoco ayudo mucho la figura Freudiana de mi madre, que envuelta en sus misticismos y creencias, acabó por convencerme y me leí de un tirón la serie de libros de T. Lobsang Rampa.

Uno, por mucho que intente hacer una media de entre Cimoc, Spiderman, Verne y religiones varias, no acaba de ver claro donde debería de apuntar mi brújula estética. Y recuerdo pasar mucho tiempo sin leer nada en concreto que me destacara, quitando obviamente El Señor de los Anillos y el Hobbit, que también vino heredado de mi hermano... No voy a quejarme de tener demasiadas influencias suyas, al fin y al cabo, gracias a él tenía acceso a estas piezas fundamentales de la literatura. Pero ciertamente, no acababa de encontrar yo un área donde me encontrara a gusto.

Durante este periodo de indefinición cayeron novelas como El Halcón Maltés, Manhattan Transfer y alguna otra cosa que no recuerdo del todo bien. Evidentemente, todo ello mezclado con cosas del mundo de cómic. Por aquella época tenía un fanzine sobre superhéroes con un amigo, con el cual he perdido totalmente el contacto. El mundo del fanzine me abrió puertas a otro tipo de cultura un poco más underground. Lo gracioso del tema es que autores que eran muy desconocidos en esa época ahora se bastan y se sobran para llenar salas de cine. Vivir para ver.

Unas navidades, creo que acompañando a mi madre a comprar a unos grandes almacenes, como me estaba aburriendo de modo insoportable, mi madre me dio dinero para comprarme un libro y la esperara. Con ese dinero acabé comprando un libro de Stephen King.

Eso era un acontecimiento. Un libro sin más pretensiones que contar una historia, nada de moralinas, nada de reflexiones épico-históricas, nada de hacer sentir a lector como un vulgo indocumentado. Este señor contaba una historia y la contaba muy bien. Te atrapaba de una forma sencilla y sutil, y quedabas enganchado en el texto de modo tal que no podías librarte. El clímax de este fenómeno me ocurrió leyendo IT, que llegué a hacer campana en el colegio para poder leermelo de un tirón.

Había descubierto una brecha. La novela de terror. Por este camino descubrí autores nuevos y viejos, imprescindible Lovecraft. Y a partir de esta línea se fue abriendo el abanico y entrando cada vez más géneros y autores. Esta definiendo mi criterio estilístico. Y todo ello gracias a una novela que me compré porque le estaba amargando las compras a mi madre en un día de Navidad.

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.