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Porque los sueños, sueños son

El 14

Sueños, Imaginación

Miércoles, 27 Agosto 2008

Hace un par de días me desperté con una imagen mental más que extraña, la imagen de Javier Sardà con una barba a lo Karl Marx. En condiciones normales, ni me habría acordado de este sueño, pero como ya viene siendo costumbre en casa desde hace dos meses, me despierto cada tres horas. Con esta nueva actitud vital es mucho más fácil acordarse de lo que has soñado en esa estupenda fase del sueño que se llama REM. El caso, es que en este sueño veía Javier Sardà con su barba mientras unos colaboradores le increpaban por aceptar un trabajo plagiado de no se quién.

Sueños de este estilo, absurdos y estúpidos, he tenido cientos de ellos. El más simpático que recuerdo fue uno en el que estábamos cuatro amigachos en un coche por la montaña del Carmelo cuando en una curva nos vamos todos para un barranco y nos matamos. Lo simpático del sueño no fue morirse, sino la cara de espantados que poníamos. Si nuestras madres se enteraban que nos habíamos muerto seguro que nos caería una bronca de mil demonios. Por cierto, en este sueño estaba el desparecido de Camel y quién conducía el coche era, lo llamaré por el mote para que no lo reconozcan, el garbanzo.

Otra clase de sueños, los que realmente son inquietantes, son aquellos que tienden a ser más lisérgicos. Son esos que las imágenes no están claras y es más sensaciones que otra cosa. Uno se puede tirar horas consultando manuales freudianos intentando descubrir que puede significar. A veces, la mayoría de las veces, son un simple mecanismo de despresurización. El cerebro, através de estas tonterías se descarga de las tensiones y el estres acumulado durante el día, pero otras pueden que sea algo más.

Recuerdo varios sueños en este estilo, en uno de ellos me veía despidiéndome de una amiga en una para de metro. La idea con la que me desperté es que nuestra amistad se había acabado. Por razones que no vienen al caso, la verdad es que fue exactamente así, dejamos de tratarnos como nos tratábamos y pasamos a ser casi dos desconocidos. Y si alguno tiene mala idea, no éramos ni novios ni pareja ni nada, éramos amigos.

Pero de todos los sueños, el más alucinante que recuerdo fue cuando soñé con la tienda de comestibles de mi madre. Era una parada clásica de queviures, con su verdura, su fruta, su mármol, su balanza antigua... lo vi todo con un detalle absoluto y preciso. La gracia del tema es que era imposible que yo recordara eso y lo colocara en el sueño porque mi madre dejó la tienda varios años antes de que yo naciera y no consta ningún recuerdo fotográfico del mismo. La cara de mi madre al describirle como era la tienda era de lo más curioso, pero como por sus venas corre más parapsicología que sangre, lo tomó como algo normal. Si un día me diera por explicar las cosas que sueña o presiente mi madre y luego ocurren tendríais que verificar muy cuidadosamente los conceptos de casualidad o de se veía venir porque acierta de una manera particularmente molesta.

Pero como dijo aquel, lo sueños solo son sueños si te quedas traspuesto en el sofá y manchas el cojín son saliva, sino, ni es sueño ni es ná.

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.