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Que difícil es escribir una novela

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El 14

Escribir, Novela

Martes 05/04/16

Lo reconozco, soy uno de esos emocionados a los que le encantaría escribir una novela, un tocho lleno de páginas, párrafos, frases y palabras, dónde unos personajes que has creado en tu imaginación viven aventuras, miedo, suspense o simplemente pasan momentos hilarantes, pero en resumen, dar forma a una historia que no había existido antes hasta que tu la creaste de la nada, sólo con la ayuda de tu imaginación.

Me he puesto a ello cientos de veces y lo máximo que tengo son dos mil palabras, una tontería si calculamos cuantas puede tener una novela, ¿diez mil?, ¿quince mil?, y lo más divertido es que siempre que encuentro el ánimo para volver a intentarlo parto del texto que ya tengo, y como uno ya esta senil se me olvidan algunas detalles y tengo que releermelo un par de veces para centrarme. 

El resultado es que acabo reescribiendo más de la mitad de lo que hago, dejando el texto exactamente en las dos mil palabras y una semana menos en mi vida. Desde luego así no hay quién avance, y mira que es algo que me gustaría hacer, pero visto el resultado quizás sea más una ilusión vana que un deseo real porque dicen que quien la sigue la consigue.

Me gusta escribir, me gusta mucho y por eso -y otras razones personales- tengo un blog en el que escribo los días laborables. Intento que sean textos más o menos serios sobre temas que me han ocurrido a lo largo de mi vida profesional y me esfuerzo para que sean interesantes y escribir mínimo más de novecientas palabras por post. Si hacemos un cálculo debo tener uno millón y medio de palabras escritas, eso sin contar las que he perdido con las migraciones y las que tengo en los tiempos que no había ni blogs ni tonterías de estas, palabras sacadas a base de bolígrafo y papel.

Pero lo que realmente me cuesta superar, ese muro que siempre que me lanzo y contra el que choco irremediablemente, es el de mantener la historia durante mucho tiempo. No se escribir historias largas, me salen un máximo de dos mil palabras -curioso- y lo segundo, y es algo que me aburre de solemnidad es editar el texto. Una vez escribo no vuelvo a mirar lo que he hecho, y soy consciente de que es un error.

También soy consciente de que mezclo churros con meninas, porque primero escribes y al final, o en todo caso no cada tres páginas, editas el texto. Pero me canso, o tardo mucho en alcanzar ese punto de concentración que me haría seguir, pero a pesar de esto, cada cierto tiempo abro el proyecto de Scrivener y me hago el firme propósito de no defraudarme de nuevo, con el inequívoco resultado que consigo hacerlo y dejar mi ilusión por los suelos.

Me pregunto que chip tendrán los que si son capaces de hacerlo, es decir, yo soy capaz de escribir hasta ciertos límites, y una vez lo alcanzo tengo que cambiar de tema y empezar de cero. ¿Que truco tendrán?, quizás es que tienen la historia ya en la cabeza, pero me niego a creer que todos los escritores tenga ya la historia en su cabeza antes de empedar. 

Quizás lo que si tienen es una guía básica de capítulos y tramas que ocurren, algo en lo que nunca me he puesto a trabajar, soy más de los que abro el programa y me pongo, dejo que los personajes y las historias evolucionen solos. Quizás este es el error, que al no tener unas pautas no soy capaz de explorar más a fondo los detalles y voy directamente al grano: ding dong, quién es?, el asesino, ¿como? Bang. No doy tiempo a crear unas bases y voy demasiado al tema centrar, sin explorar los laterales de la historia, ni reflejar el carácter de los personajes. No me acaban de gustar estas largas descripciones y flashbacks, o perderse en detalles. No me gusta cuando escribo y no me gusta cuando leo. Sufro con esos capítulos dónde más de la mitad del texto se dedica a describir un paisaje, una cómoda o cualquier otro elemento que no me aporta nada, creo que es un ejercicio de pedantería técnica, tiene su público pero definitivamente yo no estoy en él.

A pesar de todo, sigo intentándolo, y una de las mejores maneras de conseguirlo es seguir con el empeño. La otra, y que más o menos también depende de mí, es buscar ese espacio donde trabajar tranquilo y concentrado, aunque sea una hora. Puedo poner excusas que entre el trabajo, hacer la cena, los niños, cuando tengo mi tiempo libre son casi las diez y me toca escribir el post, pero supongo que si tanto lo quiero podría encontrar el tiempo, o como mínimo dedicar el fin de semana a ello.

Aunque tengo una cosa clara, al menos por los textos que ya he escrito y reescrito mil veces, no voy a poder librar me de afición por la gastronomía y el sentido del humor. Quizás con la primera podría hacerme pasar por un intelectual, pero el punto cínico y divertido es algo que me va a quitar esa pátina pedante y convertirme en un graciosillo, pero honestamente, me importa bastante poco, lo que me preocupa -y relativamente- cuando conseguir acabar la condenada novela, porque el protagonista lleva casi seis meses delante de un ascensor esperando a ir a una reunión importante, y una cosa es llegar cinco minutos tarde, pero medio año de retraso es casi imperdonable.

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.