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¿Qui a volé mon crêpe au nutella?

El 14

Reunión, Trabajo

Jueves, 4 Octubre 2012

Soy consciente de que llevo dos días sin escribir, pero me había embarcado en una misión secreta y tenía que mantener un perfil bajo para no llamar la atención. Este día tres de octubre teníamos quartely meeting, que traducido al roman paladino significa que nos vamos todos juntitos a Paris para tener de primera mano las noticias, novedades y como nos ha ido esos cuatro meses como equipo y compañeros que somos todos en este mundo virtual que es internet y las redes sociales… ah, y que tal vamos de pasta, que al fin y al cabo somos una empresa. O al menos esa era mi tapadera, mi verdadero objetivo era colocar estratégicamente entre pecho y espalda una deliciosa crepe de nutella. No era la primera vez que nos veíamos involucrados en misiones secretas, pero esta prometía ser realmente compleja al desarrollarse en un país donde la gente no habla tu idioma y a veces, ni el suyo.

La misión empezaba con precisión Suiza, ningún error, ningún fallo, todo ejecutado en tiempo y forma. Salir de casa, aeropuerto de Barcelona, aeropuerto de Paris, sede central. Si, parecía increíble que lo lográramos sin retrasos, sin esperas, sin personas extrañas con comportamiento más extraños. Todo estaba marchando bien, demasiado bien según experiencias pasadas.

Como suele ser habitual, cuando cumplimos con el horario y llegamos cuando debemos llegar, estamos sentados donde se supone que debemos estar sentados, a la hora que deberíamos estar sentados y preparados para la reunión que deberíamos estar teniendo… la reunión se atrasa por fuerzas de causa mayor. Supongo que es un curso de paciencia diseñado por recursos humanos para acostumbrarnos a los aeropuertos y a esos fantásticos DELAYED en las pantallas de información. Y digo esto porque no solo se aplazó una vez, sino dos y tres hasta que en la última nos fuimos a quejar a los de atención al cliente, pero se ve que ellos también estaban retrasados consigo mismos y no pudieron atendernos.

El problema es que yo tenía la misión secreta de zamparme las crepes, y contaba con acabar la reunión y en la hora de la comida escabullirme sutilmente… bueno, todo lo sutil que puede ser un cuerpo de metro noventa y dos de alto, y dejarme llevar por ese mítico placer gastronómico. Pero no pude, me pasé la mañana atrapado en la terminal 1 de las oficinas de París esperando a que por megafonía nos indicaran en que sala sería la reunión.

Llevábamos casi cuatro horas esperando cuando alguien se percató que los que veníamos de fuera nos habíamos despertado con las gallinas, y con eso no quería decir que pareciéramos gallinas dando vueltas sin saber a donde ir, sino que hacía mucho tiempo que estábamos despierto y teníamos el estómago vacío y estos empezaban a estar famélicos. A fin de evitar un episodio de canibalismo, nos dieron unos bocatas y unos refrigerios a ver si conseguían calmarnos, mientras seguían pensando que excusa usar para informarnos que la reunión se había pospuesto otra vez. Como ovejas que somos, una vez nos dieron el bocadillo, lo agarramos con ambas manos y algunos incluso con los dientes, y nos fuimos corriendo a una esquina para comérnoslo como si fuéramos unos roedores, a bocados pequeños y rápidos.

El tiempo pasaba y la esperanza de poder escaparme para cumplir mi misión era cada vez menor. No nos dejaban salir y las reuniones parecían haber entrado en un bucle infinito de delayed y delayed again y ya eran casi las cinco de la tarde. Como gran parte de la delegación extranjera era de sangre latina y mediterránea, y para evitar una revuelta como la que protagonizamos los hispanos con el señor Pepe Botella, no tuvieron mejor idea que enviarnos a un cabaret. Supongo que tienen el tópico clavado entre ceja y ceja que a los mediterráneos nos gusta el vino, la música y las mujeres… lo cual es parcialmente cierto, pero yo ahora mismo estaba más por el zamparme la creppe y este objetivo parecía cada vez más lejos.

Así que liderados por el big sheppard nos llevaron como un rebaño por las calles de Paris bajo una intensa lluvia, más que intensa, con mala baba. No se si por mi indignación de no poder cumplir mi misión o porque me habían retrasado todas las reuniones, tenía la impresión que sólo llovía encima nuestro, estando el resto de la calle seca. Además no era de esa lluvia fina que te cala, eran unos goterones que hacían daño cuando impactaban en el cuero cabelludo. De esta guisa, todos en manada juntitos, con las manos en la cabeza para que no nos haga daño la lluvia y el resto de la calle seca, avanzábamos hacia el cabaret porque según nos habían prometido, allí se solucionarían todos los problemas, tantos los del alma como los del intelecto.

Al llegar al Mouline Rouge versión chino de barrio vimos con claridad que era una emboscada. No había ni comida, ni vino, ni mujeres y ni siquiera reuniones. Solo habían sillas y una pantalla en el fondo de la sala. Pero ya se sabe, cuando te metes en el rol de oveja y vas en rebaño no sueles plantearte demasiadas preguntas y obedientemente pones tu cabeza en el culo de la oveja que está delante y sigues andando, o en este caso, sentándote donde te toca.

Una vez nos colocaron a todos y consiguieron que dejáramos de decir Beeee en siete idiomas distintos apareció en el escenario el gran pastor de la manada. Nos quiso presentar los números de la empresa, y después de contar un par de chistes en francés que solo entendieron las ovejas rusas (no preguntéis, yo tampoco acabé de entender porqué), apareció en la pantalla un fantástico número uno. Nos explico que este símbolo era el número uno, one para los ingleses, un en francés, uno en italiano, een en holandés, y así durante un rato. Yo pensé que como gracia tenía su punto e incluso sonreí. Lo malo es que la siguiente diapositiva era el número dos, y volvió a explicar lo mismo que antes, pero con este número. Este carrusel se repitió hasta el número 9, con el que concluyo diciendo que usando la serie que habíamos visto, del 1 al 9, era con lo que se hacían los números de la empresa. Yo ya no sabía si arrancarme una pierna y hacérmela al horno, o quitarme los pelos y hacerme un chal…

Luego fueron pasando diversos personajes por el escenario, pero en esos momentos estaba yo ya en medio de mi proceso de hacerme el chal y no presté demasiada atención a lo que se decía, a excepción de la aplicación para Android de la plataforma Viadeo. Como no es oficial, no se si puedo explicarla, pero parecía bastante chulo, aunque menos interesante que un crepe de nutela. Se me estaba acabando el tiempo y aquí estábamos encerrados escuchando cosas de marketing, nichos, grupos, focus, datos y no se cuantas cosas más… a ver si se dan cuenta que yo soy un oveja que estaba haciéndose un chal y que mi inteligencia no da para más.

Todo este espectáculo se alargo lo suficiente como para que cuando nos dejaron salir, todo estaba cerrado y no pude encontrar ningún sitio donde cumplir mi misión, con lo que me vi a mi mismo, sentado en el hotel, buscando imágenes de crepes de nutella en google y maldiciendo en tres idiomas distintos.

Pero la próxima vez no se me escapara, la próxima vez me voy a comer un crepe de nutella o quemo la bastilla.

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.