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Salmón o como destrozarlo

Ayer tenía pescadilla para los enanos y para nosotros, no es un plato que me vuelva loco pero es lo que había en la nevera después de repasar el fondo de la nevera con un poco de pan duro y haber hecho una sopa el día anterior. Por suerte para mi, apareció la vecina con unos filetes de salmón para cenar mientras veíamos el programa de Top Chef.

Como los enanos ya estaban condenados a comer un plato que no me motiva demasiado, creí oportuno que nosotros sufriéramos de la misma forma, con lo que opté por hacer una guarrindongada con el susodicho pescado. Y a fe mía que casi lo consigo.

Ingredientes para tres personas

  • Seis filetes de salmon
  • Soja
  • Miel
  • Salsa Perrins
  • Gengibre en polvo

Quitamos las espinas al salmón de marras, que por muy nórdico que sea el condenado tiene su esqueleto a base de cosas alargadas y poco masticables. Lo metemos en un bol con soja hasta que cubra la mitad del pescado, le añadimos dos ajos pelados y cortados a láminas, una cucharada de café de salsa perrins, otra de soja y dos de gengibre, lo dejamos macerar y lo vamos removiendo cada diez minutos.

Una vez está macerado, ponemos una plancha a fuego muy fuerte y lo pasamos un minuto por cada lado para que coja colorcito.

Como el plato quedaba muy triste y quería darle un toque vegetal, pillé un cogollo de tudela que estaba intentando escapar por la ventana y sin miramientos lo abrí en canal, concretamente en cuatro canales. Como el condenado no paraba de quejarse en su idioma vegetal, lo tire en la plancha a ver si se callaba y cuando dejó de quejarse lo puse al lado del salmón para que le hicera compañía y no se sintiera solo.

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.