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La mascota de Schrödinger en el IESE

Parece que la física cuántica es el ungüento con el que muchas teorías, sobretodo cosmológicas y de nueva era, se están apoyando para dar una pátina de veracidad a sus postulados. Soy consciente que ese mundo, el cual no comprendo totalmente porque yo o estoy dormido o estoy durmiendo pero nunca puedo saber en que estado soy realmente, ofrece unas posibilidades extraordinarias para explicar fenónemos, e incluso, inventarse alguno de nuevo que siempre va bien con este mundo de moda rápida que vivimos.

Lo que no saben todas estas personas es que Erwin[1], mucho antes de publicar su famosa paradoja del minino[2], tenía un felino. En realidad no podría decirse que tenía sino que era de su pareja que se fugó con el frutero, que además de las heridas en el corazón y el orgullo, le dejó el condenado minino, el auténtico protagonista de nuestra historia de hoy.

Erwin era una persona muy dedicada a su trabajo, un auténtico seguidor del lema ora et labora, y no podía procesar los cambios inesperados ni la incertidumbre. Era un alemán de pura raza, como fueron Kant, Hegel, Bismark y otros tantos. Le gustaba las cosas claras y el chucrut espeso, y como todos ellos tenía que escuchar a Wagner con moderación porque tras unos pocos compases le entraba un fervor patrio y salía corriendo al grito de Deutschland uber alles, con una olla para hervir patatas como única protección, a la conquista del piso del 5º2ª que era un polaco de pura cepa, tanto que incluso algunos le llamaban catalán[3] en la intimidad.

Esta rectitud germánica, esta predictibilidad del futuro, el saber que una patata hervida puede ser un manjar de dioses si te mentalizas los suficiente y si le pones mucha mahonesa, se fue al traste con la despedida de su novia y la llegada del bulto peludo con patas al que la humanidad llama gato y al que Edwin le llamó… de hecho nunca le puso un nombre, no quería tener que procesar sentimientos de afecto y una manera de hacerlo era despersonalizarlo, en este caso desanimanizarlo, y se refería a él por el genero neutro de ello.

Ello era un gato muy felino, usando la tontería de describir el comportamiento del animal a base de su taxonomía. Le gustaban las cosas que le gustan a los gatos más unas cuantas adicionales a las que le aficionó su anterior dueña antes de irse de terapia horizontal con el frutero, cubano para más señas, que le explicaría a fondo y con detalle porqué la única fruta del amor es la banana. Le gustaba dormir cuando la gente estaba despierta y jugar cuando la gente dormía, los bocadillos de calamares, lamerse el cuerpo con la lengua del primer humano que pasara por allí, hacer sus necesidades en el cajón de la ropa interior de hombre, y si no había, optaba por esconder sus restos orgánicos detrás de las cortinas., pero sobretodo y más que nada en el mundo, lo que adoraba con todas alma era leer la tira cómica de Garfield. Se reía como un solo los gatos saben reír, sin ser consciente el mismo de que era también un gato.

Es obvio que la combinación era explosiva desde el principio. Erwin quizás habría tolerado algunas de las excentricidades de ese nido de pulgas, pero lo que era un vector seguro de conflicto era el sentido del humor. No entendía porque le hacía tanta gracia Garfield, y para ser más honestos, no entendía el sentido del humor. No es que no lo poseyera, es que era incapaz de procesarlo, y le provocaba una ira comparable a la causada por escuchar a Wagner o ver a gente comer comida guisantes sin la protección adecuada, que básicamente sería tirarle la comida al camarero, darle una paliza, partirle las piernas y pedirle que le sirvan algo que no tenga esas bolas verdes estúpidas y sin sentido.

Pronto estas diferencias fueron insoportables, y Erwin empezaba a tener un tic extraño que consistía en decir saludar a las personas. Consciente de la gravedad de la situación, no se puede ir saludando a cualquiera que te encuentras, es una perdida de tiempo y un riesgo de contagio de gérmenes -a saber a que otra gente habrán saludado, optó por enviar a su gato lejos, lo más lejos posible y lo empaquetó a la universidad que habían inaugurado unos conocidos suyos del grupo ético, un tal Chema y Victor, que tenían opiniones muy parecidas a las suyas en lo referente al sentido del humor y al que hay que el trabajo santifica, sobretodo si consigues que trabajen para ti y que no cobren.

Edwin mantenía un llama de esperanza, macabra pero esperanza, de que sus amigos de reflexiones convirtieran al gato en la estrella principal de la validación del experimento de Paulov pero en gatos, pero se equivocó y por bastante. La universidad no tenía nada de ciencia ni de investigación, era un centro para la formación de directivos, algo excéntrico por aquella época y por eso optaron nombrarla Instituto de Estudios Superiores de la Empresa, IESE para amigos y sesenta y cinco mil piezas de oro por curso para los estudiantes. Estaba muy claro que el trabajo realmente santificaba.

Ello no sabía nada de esto cuando Edwin le engañó colocando un bocadillo de calamares en una caja y con voz sibilina, esa misma voz que había usado su novia tantas veces, le dijo, ello, ven, ello mira que hay en la caja esa que pone SEUR Express. Ello solo sabía que una vez cerraron la caja estaba oscuro, y que al bocadillo de calamares le faltaba mahonesa y con este pensamiento y un pequeño erupto, se quedo dormido hasta que Chema abrió la caja…

¿Y que pensáis, que estaría vivo o estaría muerto?, y es justo aquí donde la paradoja toma forma y se que me he quedado a medias de lo que quería explicar, pero si os ha gustado la introducción os escribiré la segunda parte donde realmente hago el análisis entre la paradoja de Schrödinger y los modelos de gestión que se enseñan en las escuelas de negocio.

Película[4]



[1] Erwin Schrödinger (wikipedia)

[2] La paradoja de Schrödinger. Astromía Educativa.

[3] A los catalanes también les llaman polacos en algunos lugares.

[4] Garfield

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.