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La vida es lo que te pasa mientras tienes otros planes

Hace ya un tiempo, un CEO me reconoció que la mayor parte de su trabajo consistía en ir apagando fuegos como si no hubiera un mañana. Estaba entre resignado e indignado porque el día a día le impedía planificar el futuro, y que estaba convencido que esto les pasaría factura tarde o temprano.

También existe la otra cara de la moneda, directivos a los que les funciona todo tan bien que no han de preocuparse de nada y pasan la mayor parte del tiempo en una especie de spa viviendo alegres y felices, delegando en su equipo y mirando los informes de ventas, rentabilidad y sin pensar en el futuro.

En ambos dos casos, unos por negligencia y otros por no tener una estructura adecuada, se olvidan de desarrollar de forma constante el futuro de la empresa, plantear escenarios alternativos, desarrollar nuevos productos, y preparar la empresa para navegar cuando los vientos cambien, y creerme, los vientos cambian cuando menos te lo esperas.

Es cierto que todos afirmamos que tenemos un plan, pero esta afirmación me suena igual que la que dice que a los españoles les gustan los documentales y leer libros, pero los datos demuestran que no leemos y que el programa más visto son los de prensa rosa y cotilleos. Vivimos en una especie de autoengaño en el que creemos que con pronunciar una frase ya es suficiente para tener la respuesta, y sobretodo la solución.

En este mundo de frases fuerza, nos quedamos con el sujeto, verbo y predicado, dejando de lado todo el esfuerzo que lleva aparejado la frase en cuestión. Clásicos atemporales como el cliente es nuestra máxima prioridad suele ser una de las más repetidas, pero luego hacemos un outsourcing todos los call centers y no les dan opciones ni recursos para solventar sus dudas, son más muros de contención. Pero no solo jugamos a la ruleta del gurú con los clientes, también con trabajadores, proveedores y cualquiera que pueda aparecer. Se les externaliza, o no se les forma, o no se les paga, o no se les motiva y lo único que realmente se mide es el resultado de cada trimestre, y sino se cumple, arde la santabárbara.

En más de una ocasión nos olvidamos de porqué estamos en una empresa o porqué la fundamos. Nos sumergimos en el día a día, placentero o no, y esas ideas que antes nos iluminaron bajo los epígrafes de Visión, Misión y Valores son más un recuerdo de la adolescencia que un faro moral que nos ha de guiar.

Tenemos que volver a lo básico, a lo importante. Si nuestros trabajadores son el activo más importante, ¿porqué no lo demostramos?, si el cliente está en el centro de nuestro negocio, ¿porqué hay cada vez más críticas y tenemos peor imagen?, si somos una empresa que apostamos por la innovación, ¿donde está el departamento?, ¿dónde esta los incentivos para captar las ideas rompedoras de nuestro equipo y transformarlas en nuestro siguiente producto?

Soy consciente de que gestionar una PYME y una multinacional son diferentes, pero hay una serie de valores centrales que han de reflejarse en tus operaciones diarias y menos en los libretos de RRHH. Si has de repetir demasiadas veces que te importa alguien es que quizás no lo estás demostrando lo suficiente. Con lo que pregúntate de nuevo, ¿que valores tienes y como los estás persiguiendo?

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.