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¿Te has fijado que pared más rara?

Hoy mi hijo se ha comprado unas cartas, se las ha comprado con el dinero que ha ahorrado y por lo tanto puede hacer lo que quiera y la última moda a la que no hemos podido poner freno son unas de lucha libre estilo wrestling1. Lo interesante, y una de esos momentos que estás orgulloso de tus hijos y de ser padre, es cuando ha sacado una de las cartas y salía una señora con un exceso de silicona y demasiado ligera de ropa, se conoce que se gastó el dinero en el cirujano y ya no le quedaba para el sastre. Al ver a la señora de la carta, mi hijo me mira y en vez de recalcar la escasez de ropa o el más obvio de los atributos, lo primero que me dice es que tenía unos ojos raros. Este momento mágico me ha inspirado el post de hoy, con un fotograma de Christina2, conocida por sus formas andróginas -si, es ironía- para ver si nos fijábamos todos en la pared o en otro elemento de la imagen.

Este comportamiento de mi hijo, también nos ocurre a nosotros en muchas ocasiones. Como seres humanos tenemos un sistema cultural, heredado y aprendido a base de collejas de maestros y de interactuaciones con la sociedad, que nos define claramente el orden de importancia a la hora de fijar nuestra atención. Si nuestra familia viene del mundo de la carpintería nos fijaremos más en la calidad y estilos de la madera, los que venga de música lo mismo, y así con cada área y sector del planeta tierra, tenemos una carga conceptual que nos hace fijar la mirada en un punto en concreto.

Esto no tiene que ser negativo, de hecho es muy práctico si tu día a día está siempre relacionado con el entorno, el problema es cuando la vida se propone convertir tu existencia en un dicho y te convierte en un pulpo y te coloca en un garage. Como cefalópodo estas totalmente perdido en este entorno, no tienes referencias y por mucho que intentes procesar la realidad, tus mecanismos automáticos y todo tu conocimiento trabaja en contra tuya porque no hay nada a lo que aferrarte, con lo que el resultado, por muy seguro que creamos estar de él, va a ser totalmente erróneo.

En el mundo empresarial nos ocurre lo mismo,vivimos sometidos a nuestros propios automatismos y no siempre la realidad tiene la bondad de hacernos navegar en las mismas aguas, de hecho nos coloca el barco en medio de un desierto a ver si somos capaces de cambiar. Esta rigidez de procesamiento puede ser un problema muy serio en un entorno altamente cambiante, lo que hace dos meses era la mejor solución puede que ahora pase a ser un error mayúsculo.

Tenemos que plastificar nuestra mente y nuestros procesos. Hay que soltar los anclajes que nos atan a una seguridad existencia y abrazar la incertidumbre si queremos sobrevivir en estos tiempos que corren. Hablar y compartir momentos con grupos de personas que sean totalmente ajenos a nuestra actividad, clase social y edad para ver que ocurre más allá de la seguridad de nuestro despacho y estar preparado para cambiar cuando los vientos soplen hacia el sur.

Con todo, no estoy diciendo que lancemos por la borda lo que hemos aprendido, sino que guardemos la lógica y adaptemos nuestro conocimiento y experiencia a los nuevos momentos que están por llegar, sino es que los estamos viviendo en este preciso momento.

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.