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Soy tan guapo que debería de ser ilegal

Soy tan guapo que debería de ser ilegal
Marketing

Asociaciones, Grupos, Utilidad

Miércoles, 30 Septiembre 2015

Hay personas y asociaciones que deberían cambiarse el nombre y su función para reflejar con mayor claridad lo que realmente hacen: nada, bueno, algo hacen, se dedican a mirarse al espejo a decir lo guapos que son y a exigir el diezmo obligatorio a empresas, personas o forzar al estado a subvencionar tanta belleza y perfección reunida en un solo cuerpo -ya sea social o físico-.

Quizás el mismo error de estas estructuras está en su propia misión, que partiendo de un objetivo loable: proteger a trabajadores, dar visibilidad a un colectivo o fomentar actividades, han derivado a un sistema enfermo, endémico y cuya utilidad es más que discutible y que viven en una realidad en la cual el resto del mundo está equivocado y la única verdad es la que emana de sus bocas.

Puede que se me note un poco indignado, pero es que he vivido los tres contextos y en las tres ocasiones he tenido la suerte de llevar a los Beatles en vez de Wagner porque sino me habrían entrado unas ansias irrefrenables de invadirlos y convertir sus ruinas en monumentos al inútil desconocido.

Empezando con lo obvio, sindicatos y asociaciones patronales, ¿como van a servir a quién pretenden servir si sobreviven gracias a la ayuda de las administraciones, y como van a morder la mano de los que les dan de comer? Son básicamente instrumentos de imagen para ejercer de correa de transmisión de ciertas ideas sin centrarse en las necesidades reales de sus teóricos representados. Los trabajadores quieren tener trabajo, y una vez lo tengan, quieren tener unas condiciones dignas, y los empresarios quieren poder hacer negocios no enquistarse en planteamientos que en vez de fomentar la productividad y el comercio, se crean trincheras y fronteras políticas que no tienen cabida en la lógica empresarial. Reto a quién sea que me enseñe que fórmula matemática incrementa la facturación de una empresa en función de ser más de derechas, más de izquierda, más de un partido o más de otro. Realmente no hay ninguna y solo se hace para buscar el calor de la administración de turno para que los que están al cargo consigan de forma más fácil cierto tipo de contrato o legislación.

Otro punto que clama al cielo son las estructuras públicas creadas para fomentar la competitividad y el crecimiento de empresas. Viven en una isla de felicidad donde campan a sus anchas unicornios de color de rosa y las calles están pavimentadas con chocolate. No tienen ni la más remota idea de las tensiones reales que tienen las empresas para crecer e internacionalizar sus productos, mejorar sus procesos y el coste, que se comen con dos patatas, al intentar hacer algo de I+D. Que va, ellos retozan felices en su propia ignorancia negando una realidad que se lleva por delante a cientos de empresas confundiendo sus gritos, no de ayuda sino de que les dejen en paz, con el sonido de las olas que rompen en los bordes de su mundo de fantasía.

Por último están las asociaciones profesionales, que en algunos casos son obligatorias y en otros no, pero el caso es que más que asociación podríamos llamar parasitismo profesional. Se otorgan la voz de todos sus representantes sin ser conscientes que está pasando en el mundo real. Desconocen quienes son realmente y como viven sus miembros y simplemente pasan un recibo cada mes y cada cierto tiempo sacan un comunicado quejándose que todavía cobran poco y lo importante que son para el mundo mundial y que sin ellos caeríamos presos en un caos apocalíptico que ni el más siniestros de los profetas osaría aventurar.

Realmente esta gente se cree tan guapa y tan estupenda que yo estoy por considerarlos ilegales por competencia desleal. Con tanto peso muerto no hay quién avance. No estoy pidiendo que las cierren pero si que se actualicen y vean el mundo como lo ven muchos de los que estamos en infantería, en la trinchera pasando frío y empapados por las tormentas que cada dos años inundan la Línea Maginot. Solos, sin comida, sin munición y dependiendo de nuestro propio ingenio para sobrevivir para luchar un día más.

Y ya ni entramos en estos grupos creados de la nada, con el soporte de four cats -es que inglés suena mejor- y que solo sirven para promocionar a sus fundadores y no a lo que dicen que representan. Grupos que se montan con la intención de crear la impresión de que existe diversidad y organización -si, todo al mismo tiempo- y a los que nadie les ha dado la capacidad de representar a nadie a pesar de que se llamen asociación de, coalición de o patateros unidos.

También es posible que quizás esté exagerando, y como estoy cerca del final del post voy a decir que si que hay personas en estas organizaciones que pelean por sus asociados, y lo digo porque he conocido a unos cuantos. Lástima que cuando miras hacia arriba en la escala de mando, tal y como dijo Sazatornil en Amanece que no es poco, lo que es iniciativa y voluntad en los primeros escalafones va mutando a política a medida que subes de rango.

Pero ojo, no todo es negativo -y como estamos de citas- podría ser peor, podría llover como dijo Mary Feldman en El jovencito Frankenstein.

Película: The Picture of Dorian Gray

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.