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Cuando eres un mindundi

Leyendo el post de Victor Campuzano[1] me vino una palabra a la cabeza, mindundi. Según la RAE[2] estos individuos son personas insignificantes, sin poder ni influencia. Si esta definición es cierta podríamos afirmar que el noventa y nueve de la población mundial entramos en esta categoría, pero como la estadística está bien para disimular lo importante vamos a decirlo con números que asusta más, 6.930.000.000 personas.

Como dicen los psicólogos que mal de mucho consuelo de tontos, con estas cifras y asumiendo que la inteligencia se distribuye bajo una curva normal, más o menos unos dos millones de personas deben estar bastante consoladas pero nos quedan casi unos cinco millones a los que no les funciona esta solución. Para evitar problemas con este segmento se está implantando con éxito una reforma educativa que retrotrae a la idiocia más absoluta a las nuevas generaciones con lo que no hemos de preocuparnos de este tema en los imberbes que pronto se incorporarán al mundo adulto.

Reflexionando sobre este tema, yo creo que en el fondo no hay ningún mindundi y si lo hay es a efectos de diversidad cultura, para que haya de todo en la viña del señor. Lo más habitual es que todos seamos importantes para alguien, y normalmente para más de una persona. Puedo aceptar que el nivel de intensidad no es el mismo en todas, pero todas y cada una de ellas tienen referentes que les afectan y que forman parte de su red emocional que les proporciona estabilidad y seguridad.

El problema con las personas es que la cámara de la realidad solo enfoca a un segmento determinado de población, a veces con criterio informativo y a veces con criterio crematístico, con lo que un gran porcentaje de personas ven un mundo a través de sus pantallas que no se corresponde con su realidad, creando una discordancia cognitiva entre lo que son y que creen que deberían de ser.

Personajes que copan minutos y más minutos sin ningún tipo de base más allá que parece que gusta a la gente y que se convierte en referente cultural por haberse leído el lomo de un libro por error al entrar en e Corte Inglés a buscar croquetas congeladas.

Por eso os digo mis queridos mindundis, que somos mayoría y que no nos ajustamos a la definición que esos señores que parecen una brigada de la limpieza, por eso de dar brillo y esplendor. Somos importantes para alguien y lo somos porque aportamos algo más real que unos porcentajes de share o de ser influencers. Tenemos la ventaja de ser de carne y hueso, con lo que valemos para un abrazo como para meternos en una olla y hacer un cocido con nuestros michelines.

Ser positivos, aportamos afecto y proteínas, algo que nadie que salga por un rayo catódico podría hacer, aunque ciertamente espero no tener que llegar al punto de las proteínas si que me conforta saber que doy afecto a algunas personas. Pensarlo bien, que es lo relevante en el fondo, dejar marca en este mundo porque cuando nos vayamos nuestra inmortalidad serán los rastros que dejamos en los recuerdos de esos otros mindundis como nosotros.

Película[3]



[1] Campuzano, Victor. “Cómo limpiar tu cuenta de Twitter tras una inyección de seguidores FAKE” VCGS. 2016-09-09

[2] Mindundi: Persona insignificante, sin poder ni influencia. RAE

[3] Forrest Gump

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.